Si has estado desconectado del fútbol europeo un par de meses, la respuesta a cómo quedó el Paris Saint-Germain te va a dar un vuelco al corazón. Básicamente, el equipo que conocías —ese álbum de cromos galáctico con Messi, Neymar y Mbappé— ya no existe. Ha muerto. Y sinceramente, para muchos seguidores del Parque de los Príncipes, ese funeral era necesario. El club ha pasado de ser una marca de lujo que coleccionaba Balones de Oro a un bloque de hormigón armado diseñado por Luis Enrique.
Se acabó el drama. O al menos, ese drama constante de las estrellas.
La salida de Kylian Mbappé al Real Madrid marcó el fin definitivo de una era que prometía la Champions y entregó, a cambio, muchas portadas de L'Équipe sobre líos de vestuario. ¿Cómo quedó el Paris después de perder a su máximo goleador histórico? Pues sorprendentemente ordenado. Luis Campos, el director deportivo, y Nasser Al-Khelaïfi decidieron que ya no querían más "solistas". Ahora buscan una orquesta.
La revolución silenciosa: Así es el nuevo PSG de Luis Enrique
Para entender cómo quedó el Paris, hay que mirar el centro del campo. Es el motor. Ya no verás a un equipo partido en dos, con siete defendiendo y tres mirando cómo pasa la pelota. Luis Enrique ha impuesto su ley de "el balón es mío o de nadie". La llegada de Joao Neves desde el Benfica por unos 60 millones de euros no fue solo un fichaje; fue una declaración de intenciones. Es un chico que no para, que muerde y que tiene un criterio con el pase que recuerda a los mejores tiempos del Barça del técnico asturiano.
Acompañando a Neves está Vitinha, que se ha convertido en el verdadero jefe. Si alguien dudaba de quién iba a heredar el mando tras la era de las superestrellas, ahí está el portugués. Corre, distribuye y, sobre todo, entiende el sistema de presión alta.
La defensa también ha tenido retoques quirúrgicos. Willian Pacho llegó del Eintracht Frankfurt para aportar una agresividad física que a veces le faltaba a Marquinhos. Es un central zurdo, rápido y que no se anda con chiquitas. Junto a Lucas Beraldo, el PSG tiene ahora una juventud defensiva que asusta, aunque la baja de Lucas Hernández por su lesión de rodilla sigue siendo un dolor de cabeza constante para la rotación.
📖 Related: James Johnson Dates Joined: Every Team and Major Career Milestone
El ataque sin un 9 de 50 goles
Aquí es donde la cosa se pone rara. Sin Mbappé, el PSG ha repartido la responsabilidad. Bradley Barcola ha dado un paso al frente que ni los más optimistas esperaban. El tipo vuela por la banda izquierda. Tiene ese regate eléctrico que rompe cinturas y, lo más importante, está empezando a ver puerta con una facilidad pasmosa.
Luego está Ousmane Dembélé. Sigue siendo Dembélé. Te hace la jugada más increíble del mundo y luego falla un pase a dos metros. Pero bajo Luis Enrique, su volumen de generación de ocasiones es absurdo. Es el generador de caos controlado. El problema real ha sido la posición del delantero centro. Con Gonçalo Ramos lesionado de larga duración al principio de la temporada, el equipo tuvo que inventarse soluciones. Marco Asensio de "falso nueve", Kolo Muani intentando reencontrarse con su confianza... no ha sido un camino de rosas.
Aun así, el PSG marca. Y marca mucho. Reparten los goles entre todos, lo que les hace menos predecibles pero, a veces, les falta ese "instinto asesino" en las noches grandes de Europa donde un Mbappé te resolvía el partido de la nada.
El factor Luis Enrique: Disciplina sobre ego
Lo más relevante de cómo quedó el Paris no son los nombres en la camiseta, sino quién manda en el banquillo. Por primera vez en la era QSI (Qatar Sports Investments), el entrenador tiene el control total. Si Luis Enrique decide que una estrella se sienta, se sienta. No hay llamadas a Doha que valgan.
- Presión asfixiante: El equipo recupera la pelota en campo contrario en menos de cinco segundos.
- Posesiones largas: No es raro ver al PSG terminar partidos con un 70% de posesión.
- Polivalencia: Jugadores como Warren Zaïre-Emery pueden jugar de interior, de pivote o incluso de lateral si el partido lo requiere.
Zaïre-Emery es, de hecho, el símbolo de este nuevo Paris. Un chico de la casa, formado en la cantera (la famosa Titi Parisien), que con 18 años juega como si tuviera 30. Él representa el cambio de modelo: menos talonario externo, más identidad local.
¿Qué pasó con la portería y los laterales?
Gianluigi Donnarumma sigue siendo el titular, pero la sombra de la duda siempre planea sobre él, especialmente con el balón en los pies. Luis Enrique sufre cuando su portero no sabe salir jugando, y por eso trajeron a Matvey Safonov. El ruso no vino para ser un suplente pasivo; vino para apretar las tuercas al italiano.
En los laterales, Achraf Hakimi sigue siendo un puñal. Es probablemente el mejor lateral derecho del mundo en fase ofensiva, y con la salida de su mejor amigo (Mbappé), muchos pensaron que bajaría el nivel. Nada más lejos de la realidad. Se le ve más implicado en la construcción del juego. En la izquierda, Nuno Mendes por fin parece haber dejado atrás el calvario de las lesiones, y cuando está sano, es un avión.
💡 You might also like: D'Angelo Russell Rookie Card: What Most People Get Wrong
El análisis de los resultados tras el cambio
Mucha gente se pregunta si este PSG es mejor o peor. La respuesta corta es: es más equipo, pero tiene menos "techo" individual. En la Ligue 1, siguen siendo los reyes. La diferencia de presupuesto es tan abismal que incluso en un mal día terminan ganando por inercia.
Sin embargo, en la Champions League es donde se ve cómo quedó el Paris de verdad. Ya no asustan por los nombres en el túnel de vestuarios. Los rivales ya no temen que Messi te clave una falta o que Neymar te regatee a cinco. Ahora temen el sistema. Temen que no les dejen oler la pelota durante noventa minutos. Es un cambio de paradigma total.
Honestamente, el PSG ahora es un equipo mucho más divertido de analizar tácticamente, pero quizás menos "espectacular" para el fan casual que solo quería ver highlights en Instagram.
Los puntos débiles que aún duelen
No todo es perfecto en la Ciudad de la Luz. La falta de un goleador de élite mundial se nota cuando los partidos se cierran. Si Barcola o Dembélé no tienen el día, al PSG le cuesta horrores transformar su dominio en goles.
Además, la defensa central a veces sufre contra delanteros corpulentos en balones parados. Marquinhos, aunque es un mito del club, ha tenido momentos de desconexión en partidos clave que han costado caros. La transición de liderazgo post-Mbappé todavía está en proceso.
📖 Related: Hockey Picks for Today: Why the Underdogs Might Actually Rule the Ice
Cómo seguir de cerca la evolución del PSG
Si quieres entender hacia dónde va este proyecto, no te fijes solo en el marcador del fin de semana. Fíjate en estos puntos clave:
- La gestión de los minutos de los jóvenes: Observa cuánto juegan Senny Mayulu o los nuevos fichajes de invierno. El PSG está apostando por el talento joven a largo plazo.
- El mapa de calor de Vitinha: Es el termómetro. Si Vitinha toca más de 100 balones, el PSG suele controlar el partido. Si desaparece, el equipo sufre.
- La efectividad de cara a puerta: Compara los goles esperados (xG) con los goles reales. Ahí verás si realmente necesitan fichar a un "nueve" puro en el próximo mercado de verano.
- La evolución de la cantera: El PSG ha dejado de vender a todas sus perlas para quedarse con las mejores. El rendimiento de los canteranos en el primer equipo es el mejor indicador del éxito del nuevo modelo.
En definitiva, cómo quedó el Paris Saint-Germain es una historia de madurez. Han dejado de ser el niño rico que compra todos los juguetes caros para convertirse en un club con un plan estructural serio. Puede que tarden más en ganar la Champions, o puede que la ganen mañana, pero al menos ahora el equipo tiene una identidad clara que va más allá de los nombres en la espalda de la camiseta. El experimento de los "Galácticos 2.0" falló, y lo que vemos hoy es la reconstrucción sobre esas cenizas.