La selección de fútbol de Austria: ¿Por qué ahora sí dan miedo en Europa?

La selección de fútbol de Austria: ¿Por qué ahora sí dan miedo en Europa?

El fútbol austríaco siempre tuvo algo de nostalgia aristocrática. Durante décadas, hablar de la selección de fútbol de Austria era evocar el fantasma del Wunderteam de los años 30, ese equipo de Matthias Sindelar que bailaba sobre el césped mientras el mundo se desmoronaba. Pero seamos honestos: durante casi todo el siglo XXI, Austria fue ese equipo ordenado, algo aburrido y predecible que solía ver los grandes torneos por televisión o irse a casa en la fase de grupos.

Eso cambió. De repente.

No fue un milagro. Fue una demolición controlada de la vieja identidad para construir algo que hoy, en pleno 2026, tiene a las potencias europeas mirando de reojo cuando les toca enfrentarlos. Ya no son solo "los vecinos de Alemania". Son un bloque de presión asfixiante que corre como si no hubiera un mañana. Si te descuidas, te roban la cartera en tu propia área antes de que hayas terminado de dar el primer pase.

El efecto Ralf Rangnick: El arquitecto del caos organizado

Para entender dónde está la selección de fútbol de Austria hoy, hay que hablar obligatoriamente de Ralf Rangnick. Cuando el "padrino del Gegenpressing" aterrizó en Viena en 2022, muchos pensaron que era un retiro dorado tras su paso turbulento por el Manchester United. Se equivocaron.

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Rangnick no llegó a pasear por el Prater. Llegó a aplicar una filosofía que ya conocía bien gracias a la estructura de Red Bull en Salzburgo. Básicamente, le dijo a los jugadores que el talento individual estaba muy bien, pero que la velocidad de recuperación era lo que ganaba partidos.

¿El resultado? Un equipo que no te deja respirar.

No es una exageración. Durante la Eurocopa 2024, Austria no fue el equipo con más posesión, pero sí uno de los que más balones recuperó en el último tercio del campo. Ganaron su grupo por encima de Francia y los Países Bajos. No fue casualidad. Fue un sistema diseñado para forzar el error ajeno. Rangnick ha logrado que jugadores como Marcel Sabitzer o Konrad Laimer jueguen con una agresividad que antes solo mostraban en sus clubes. Es una identidad clara. Sabes a qué juegan. Y es agotador enfrentarlos.

Jugadores clave que sostienen el sistema

Mucha gente cree que Austria es solo David Alaba. Error. De hecho, la selección ha demostrado que puede sobrevivir e incluso brillar sin su gran capitán en el campo. Alaba sigue siendo el líder espiritual, el hombre que conecta la defensa con el centro del campo, pero el ecosistema actual es mucho más rico.

Hablemos de Christoph Baumgartner. El tipo es un motor. Tiene el récord del gol más rápido en la historia del fútbol internacional (seis segundos contra Eslovaquia), lo que resume perfectamente lo que es esta selección: verticalidad pura. No dan pases laterales porque sí.

Luego está la madurez de Marcel Sabitzer. En el Borussia Dortmund y en la selección, se ha convertido en un centrocampista total. Ya no es solo el llegador que patea desde fuera del área; ahora dicta el ritmo de la presión. Y no podemos olvidar a los obreros de lujo como Nicolas Seiwald, que quizá no sale en todas las portadas, pero es el que equilibra todo el desorden táctico de Rangnick.

La portería también ha dejado de ser un drama. Después de años de dudas, nombres como Patrick Pentz han aportado una seguridad que permite a la línea defensiva adelantarse casi hasta la mitad del campo sin miedo a que un pelotazo largo termine en desastre.

La sombra del Wunderteam y el peso de la historia

Es imposible hablar de la selección de fútbol de Austria sin mencionar 1934 y 1954. En el 34, eran el mejor equipo del mundo, liderados por el "Hombre de Papel", Sindelar. En el 54, quedaron terceros en el Mundial. Durante décadas, esa gloria pasada fue una mochila de cemento para los jugadores.

Hubo destellos, claro. Córdoba 1978 es una fecha sagrada en el calendario austríaco. Ganarle a Alemania Federal 3-2 en un Mundial es algo que todavía se celebra en las tabernas de Viena. Hans Krankl es un héroe nacional por esos goles. Pero después de eso, el fútbol austríaco entró en un letargo de mediocridad funcional. Clasificaban a algún Mundial (1990, 1998), pero daban la sensación de estar solo de paso.

Lo que estamos viendo ahora es diferente porque no se basa en una generación espontánea de cracks, sino en una estructura de formación de jugadores que es envidiada en toda Europa. La Bundesliga austríaca, aunque pequeña, se ha convertido en una fábrica de exportación masiva.

El mito del "equipo defensivo"

Mucha gente todavía tiene la idea de que Austria es un equipo que se encierra atrás y busca el 1-0. Nada más lejos de la realidad. Si miras sus mapas de calor, te das cuenta de que pasan más tiempo en campo contrario que en el propio.

El modelo de Rangnick es "defensa hacia adelante". Prefieren que les marquen un gol por dejar espacios a la espalda antes que renunciar a presionar la salida del rival. Es un riesgo calculado. A veces sale mal, como en los octavos de final de la Euro 2024 contra Turquía, donde dominaron todo el partido pero perdieron por dos jugadas a balón parado. Pero esa es la belleza de esta nueva Austria: prefieren morir de pie atacando que sobrevivir pidiendo la hora.

Desafíos reales: ¿Cuál es el techo?

No todo es color de rosa. Austria tiene un problema evidente: la falta de un "9" de élite mundial. Marko Arnautović ha sido un guerrero incansable, un talento especial que a veces parece tener un carácter difícil, pero los años no pasan en vano. Michael Gregoritsch cumple, es un trabajador nato y va bien por arriba, pero no es ese delantero que te garantiza 20 goles por temporada en el máximo nivel.

Además, la profundidad de plantilla es limitada. Si se lesionan tres piezas clave, el nivel baja considerablemente. No tienen el fondo de armario de Inglaterra o España. Dependen mucho de que su bloque principal esté al 100% físicamente, porque su estilo de juego requiere un despliegue de energía brutal. Si bajan la intensidad un 10%, el sistema se resiente y quedan expuestos.

El camino hacia el Mundial 2026

La gran obsesión es el Mundial. Austria no juega una Copa del Mundo desde Francia 1998. Es una sequía demasiado larga para un país con esta infraestructura. El camino en las eliminatorias europeas es siempre un campo de minas, pero esta selección de fútbol de Austria tiene más herramientas que nunca.

Ya no dependen de la suerte o de un sorteo favorable. Ahora son ellos los que marcan el ritmo de los partidos. La clasificación para el torneo de Estados Unidos, México y Canadá se ve como una obligación, no como un sueño. La mentalidad ha cambiado de "vamos a ver qué pasa" a "vamos a por ellos".

Datos que quizá no sabías sobre el equipo nacional

  • El récord de precocidad: David Alaba debutó con la selección a los 17 años, algo inaudito en su momento para un equipo tan conservador como era Austria.
  • La rivalidad con Alemania: Aunque culturalmente son cercanos, en el fútbol es la guerra. Los austríacos viven para ganar el "Derby de los Alpes". Para ellos, superar a Alemania es casi tan importante como ganar un título.
  • El estadio nacional: El Ernst Happel Stadion es un templo. Viejo, sí. Con pista de atletismo, también. Pero tiene una mística que intimida. Allí se han jugado finales de Champions y allí la selección se siente invencible.

Para entender el éxito actual de la selección, hay que mirar más allá de los 90 minutos de partido. Es el resultado de una inversión masiva en academias y una decisión valiente de la federación de entregar las llaves del equipo a un ideólogo como Rangnick. Han dejado de intentar jugar como los demás para jugar a algo que solo ellos dominan a esa intensidad.

Acciones clave para seguir a Austria:

  1. Observa la presión tras pérdida: En los primeros 5 segundos después de perder el balón, fíjate cómo tres jugadores austríacos rodean al poseedor. Es la clave de todo su sistema.
  2. Sigue el desarrollo de la Bundesliga austríaca: No ignores equipos como el Sturm Graz o el LASK; son los que están nutriendo de táctica y físico a los nuevos internacionales.
  3. Analiza el rol de Sabitzer: Ya no juega pegado a la banda. Su libertad para aparecer en cualquier zona del campo es lo que descoloca a las defensas rivales.
  4. No los descartes en las apuestas: Contra los "grandes", Austria suele rendir mejor porque tiene más espacios para correr, que es lo que realmente aman.

Austria ya no es una cenicienta. Si te los encuentras en el calendario, prepárate para correr más que nunca, porque ellos no van a parar hasta que el árbitro pite el final. Es un fútbol eléctrico, algo caótico pero profundamente inteligente. Y lo mejor de todo es que parece que esto es solo el principio de una era mucho más competitiva.