Guatemala respira fútbol. No importa si vas caminando por la Sexta Avenida en la zona 1 o si estás en un café de Quetzaltenango, el tema siempre es el mismo: ¿por qué no terminamos de dar el salto? La respuesta corta tiene que ver con el orden. Específicamente, con las posiciones de selección de fútbol de Guatemala y cómo el técnico Luis Fernando Tena ha intentado armar un sistema que deje de depender de milagros individuales.
La Azul y Blanco ya no es ese equipo que solo se encerraba atrás a ver qué pasaba. Ahora hay una intención. Pero para entender hacia dónde vamos, hay que desmenuzar quién juega dónde y por qué ciertos nombres son inamovibles aunque la afición a veces pida sangre nueva. No es lo mismo poner a un lateral a proyectarse en el Mateo Flores que hacerlo en el Soldier Field de Chicago. El contexto lo cambia todo.
El cerrojo en el arco: La seguridad de Nicholas Hagen
Hablemos de Nicholas Hagen. Es el dueño absoluto de los tres palos. Punto.
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Desde su paso por el Sabail FK en Azerbaiyán hasta su llegada al Columbus Crew en la MLS, Hagen ha madurado. Su posición es la más estable de todas las posiciones de selección de fútbol de Guatemala. Lo que lo hace especial no es solo su estatura o sus reflejos, sino su capacidad para jugar con los pies, algo que Tena exige para salir jugando desde el fondo.
Atrás quedaron los días donde el portero chapín solo despejaba largo a dividir la pelota. Hagen actúa casi como un líbero moderno en ciertos pasajes del juego. Sin embargo, la gran duda surge cuando él no está. Kevin Moscoso ha demostrado capacidad, pero la brecha de confianza entre el titular y el suplente sigue siendo un tema de conversación en las previas de la eliminatoria mundialista.
La línea de cuatro y el sacrificio de los laterales
La defensa es donde las cosas se ponen color de hormiga. Tradicionalmente, Guatemala ha sufrido por las bandas.
En el esquema de Tena, los laterales tienen una carga de trabajo brutal. No solo deben marcar; tienen que ser la válvula de escape. José Morales y José Ardón han rotado en estas funciones, ofreciendo perfiles distintos. Mientras uno es más posicional, el otro busca romper líneas.
Los centrales: El músculo de Samayoa y Pinto
Nicolás Samayoa se ha convertido en el jefe de la zaga. Su experiencia en Rumania con el Politehnica Iași le dio un roce europeo que se nota en cada cruce. No es el defensa más rápido del mundo, seamos honestos, pero su lectura de juego compensa esa falta de velocidad punta. Junto a José Carlos Pinto, forman una pareja que se conoce de memoria.
Es una dupla de "viejos conocidos". Se hablan, se corrigen y, sobre todo, saben cuándo hay que reventar la pelota sin remordimientos. A veces, la afición critica que la salida es lenta, pero en la Concacaf, si arriesgas de más en el centro de la defensa, te liquidan en un contragolpe. Es así de simple.
El corazón del equipo: El doble pivote y la creatividad
Aquí es donde se gana o se pierde el partido. El mediocampo guatemalteco ha evolucionado de ser una zona de tránsito a ser una zona de control.
Oscar Castellanos se ha vuelto indispensable. Básicamente, es el que ensucia el juego del rival. Su capacidad para recuperar balones es vital para que otros puedan brillar. Pero un contención solo no hace verano. La mezcla con jugadores como Jonathan Franco o el mismo Rodrigo Saravia le da al equipo un equilibrio que antes no existía.
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¿Y la magia? Bueno, ahí es donde entran nombres que generan debate.
- Alejandro Galindo: El motor. Aunque pasen los años, su despliegue físico sigue siendo impresionante. Es ese jugador que aparece en todas las posiciones de selección de fútbol de Guatemala dependiendo de la fase del partido. Puede estar defendiendo un córner y a los diez segundos estar pisando el área rival.
- Pedro Altán: El revulsivo. Muchos lo quieren de titular siempre, pero su impacto suele ser mayor cuando las defensas contrarias están cansadas y él puede encontrar esos huecos imposibles entre líneas.
Los extremos y el eterno debate del "nueve"
Arriba es donde se nos va la vida. Guatemala produce buenos extremos, jugadores rápidos y habilidosos como Nathaniel Mendez-Laing. Su llegada fue un tanque de oxígeno. Jugar en el Derby County no es poca cosa, y ese ritmo de la League One o el Championship se nota en su potencia física. Mendez-Laing no solo corre; arrastra marcas, lo que libera espacio para los demás.
Óscar Santis es el otro nombre clave. Tiene gol. Tiene descaro. Pero su irregularidad a veces desespera. Cuando está "enchufado", es imparable por la banda derecha.
El dilema del centrodelantero
Rubín o Lom. Esa es la cuestión.
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Rubio Rubín ofrece una movilidad que vuelve locos a los centrales. No se queda estático. Sale del área, pivotea y se asocia. Por otro lado, Darwin Lom es más un "tanque", un finalizador puro que pelea cada balón como si fuera el último.
La realidad es que en las posiciones de selección de fútbol de Guatemala, el puesto de delantero centro es el que más presión carga. La falta de gol ha sido el talón de Aquiles histórico. No es que no haya talento, es que a veces el sistema los deja muy aislados. Si los extremos no abastecen de centros precisos, el "nueve" termina persiguiendo sombras durante 80 minutos.
La importancia de la polivalencia en el sistema de Tena
Tena no es tonto. Sabe que no tiene una plantilla de 50 jugadores de élite. Por eso, valora la polivalencia por encima de casi todo.
Hemos visto a jugadores cambiar de rol a mitad del partido sin que el equipo se desmorone. Esa flexibilidad táctica es lo que ha permitido que Guatemala compita mejor contra potencias de la región como México o Estados Unidos. Ya no somos el equipo que recibe goleadas de escándalo cada vez que sale de casa. Hay una estructura. Hay un plan.
Sin embargo, el recambio generacional sigue siendo una preocupación latente. Los nombres que mencionamos arriba ya tienen un recorrido largo. ¿Quién viene detrás? La integración de jóvenes de la Sub-20 es lenta pero necesaria. No puedes tirar a un patojo a los leones en una eliminatoria sin haberlo probado antes en amistosos de menor calado.
Para entender realmente el panorama actual, hay que fijarse en cómo se ocupan los espacios cuando perdemos la pelota. La transición defensa-ataque ha mejorado, pero la transición ataque-defensa sigue siendo el punto donde los equipos caribeños, con su velocidad, nos hacen daño.
Pasos clave para seguir la evolución del equipo:
- Analizar el mapa de calor de Mendez-Laing: Notarás que su influencia no es solo en la banda, sino que tiende a cerrar hacia el centro para dejarle el carril al lateral. Esto es una instrucción táctica directa de Tena para sobrecargar el mediocampo.
- Observar la salida de balón de Pinto: Si el rival presiona alto, Guatemala suele saltar líneas buscando a Rubín. Si el rival espera, la pelota pasa siempre por Castellanos. Identificar este patrón te permite saber qué tipo de partido está planteando la selección desde el minuto cinco.
- Monitorear los minutos de los "legionarios": El estado físico con el que llegan jugadores como Hagen o Samayoa dictamina el 50% del éxito defensivo. La continuidad en sus clubes es el termómetro real de la selección.
La selección de Guatemala está en un proceso de identidad. Las posiciones ya no son etiquetas fijas en una pizarra, sino funciones dinámicas que buscan, de una vez por todas, romper el techo de cristal y llegar a la cita mundialista. El camino es largo y los errores se pagan caro, pero hoy por hoy, hay un norte claro.